Estamos por iniciar el nuevo ciclo agrícola OI 2025-2026, un momento clave en el que los productores deben decidir qué sembrar, preparar sus tierras y asegurar los insumos necesarios.
Sin embargo, este proceso se da en un contexto de gran incertidumbre: no sabemos con certeza cuánta agua habrá disponible ni contamos aún con una política clara que brinde certidumbre a los pequeños y medianos productores de maíz, pieza fundamental en la cadena productiva maíz–tortilla manifiesta el presidente de Caades, Jesús Rojo Plascencia.
El líder agrícola añade que en los últimos dos ciclos agrícolas enfrentaron severas restricciones hídricas debido a la falta de lluvias. Esta situación redujo en la entidad casi 60% la superficie sembrada en cultivos de alta demanda de agua, como el maíz. En contraste, aumentaron las siembras de frijol y garbanzo, que requieren menos agua, mientras que la superficie en hortalizas se mantuvo, aunque los mercados no fueron favorables en el último año.
Ahondó en el tema y apuntó que las perspectivas para el ciclo 2025-2026 siguen siendo reservadas. En cuanto a la recuperación del embalse de las presas, actualmente, las obras hidráulicas reportan apenas un 25% de almacenamiento, nivel muy similar al del año pasado, aunque aún restan seis semanas de lluvias con pronósticos alentadores.
Confiamos en que hacia mediados de septiembre el Consejo Estatal de Desarrollo Rural pueda reunirse y definir el programa de siembras con base en un panorama más claro. agregó Rojo Plascencia.
En el plano internacional, el informe más reciente del USDA proyecta producciones récord de maíz a nivel mundial. Estados Unidos alcanzaría 425.27 millones de toneladas, con inventarios finales de 53.62 millones de toneladas, los más altos en siete años. Esta abundancia genera la expectativa de una baja en los precios internacionales para el ciclo 2025-2026.
El trigo tampoco escapa a este escenario, ya que los precios muestran una tendencia de neutral a bajista debido a la amplia oferta global inquirió el líder agrícola. Ante este panorama, los retos para los productores sinaloenses se concentran en dos grandes frentes: el uso eficiente del agua y la comercialización de las cosechas.
En el caso del maíz, hemos insistido en la necesidad de establecer un esquema de agricultura por contrato que ofrezca seguridad a pequeños y medianos productores. Este esquema debe contar con el respaldo de coberturas y con un precio garantizado, determinado en función de los costos de producción, que asegure una rentabilidad razonable y evite la descapitalización del campo refirió el líder de la Confederación de Asociaciones Agrícolas en Sinaloa
Sin embargo, fue enfático al asegurar que, para alcanzar este objetivo, se requiere consenso y unidad entre productores, así como el compromiso de los gobiernos, estatal y federal; para garantizar presupuestos y fungir como garantes del cumplimiento de este esquema. Solo así podremos avanzar con más certidumbre, ordenamiento y equidad a la producción de maíz en Sinaloa.

















