Sader tendría 17% más presupuesto en 2027, pero programas clave del campo recibirían menos recursos

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2027 plantea un incremento de 17% en los recursos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), al pasar de 75,836.5 millones de pesos en 2026 a 88,758.8 millones en 2027.

Sin embargo, el aumento presupuestal no se reflejaría de manera generalizada en los programas que tienen una relación directa con los productores.

De acuerdo con el análisis elaborado por el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), tres programas considerados estratégicos para el sector agrícola registrarían reducciones en términos nominales: Acopio para el Bienestar, Fertilizantes para el Bienestar y Producción para el Bienestar.

El ajuste más significativo correspondería a Acopio para el Bienestar, anteriormente denominado Precios de Garantía. Su presupuesto pasaría de 13,000 millones de pesos en 2026 a 10,445 millones en 2027, una reducción de 2,555 millones de pesos, equivalente a 19.65%.

Considerando una inflación estimada de 3%, la reducción real sería cercana al 22%.

También disminuirían los recursos para Fertilizantes para el Bienestar, que pasarían de 18,200 a 17,000 millones de pesos, una baja nominal de 6.59%. En términos reales, el recorte sería de aproximadamente 9.3%.

Por su parte, Producción para el Bienestar tendría una reducción más moderada, de 17,472 a 17,000 millones de pesos, equivalente a 2.7% nominal y alrededor de 5.5% en términos reales.

En conjunto, estos tres programas registrarían una reducción real estimada de 11.3%, pese al crecimiento de la bolsa global de Sader.

Más recursos, pero con una nueva distribución

El proyecto también contempla la incorporación de Comercio Justo, con una asignación de 8,995.6 millones de pesos, programa que no contó con presupuesto en 2026.

Otro incremento importante se observa en Consumo de Leche Liconsa, que pasaría de 1,539.5 a 2,472.1 millones de pesos, un aumento nominal de 60.58%.

En contraste, Abasto Rural Diconsa prácticamente permanecería sin cambios, al pasar de 2,664.1 a 2,644.4 millones de pesos, mientras que Adquisición de Leche a Productores Nacionales disminuiría de 3,072 a 3,022 millones.

El comportamiento presupuestal refleja una redistribución de recursos hacia distintos componentes de la política alimentaria, mientras algunos de los programas directamente vinculados con producción, insumos y comercialización agrícola enfrentarían ajustes.

Sanidad agroalimentaria, prácticamente sin crecimiento

Otro punto que llama la atención es el presupuesto destinado a sanidad e inocuidad agroalimentaria.

Los recursos conjuntos para este rubro y la operación del Senasica pasarían de 5,086.1 millones de pesos en 2026 a 5,200.5 millones en 2027, un incremento nominal de apenas 2.2%.

El Programa de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria permanecería en 3,787.2 millones de pesos, sin incremento nominal, mientras que el gasto operativo del Senasica aumentaría de 1,298.9 a 1,413.3 millones.

Para un sector que depende de mantener condiciones sanitarias para producir y exportar frutas, hortalizas, carne, leche y otros alimentos, el comportamiento de estos recursos será uno de los temas que deberán seguir de cerca los productores y organismos agrícolas.

El reto estará en cuánto llega realmente al productor

El Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable (PEC) tampoco tendría un crecimiento significativo. Pasaría de 525,634.1 millones de pesos aprobados para 2026 a 527,022.8 millones en 2027, apenas 0.3% más en términos nominales.

Con una inflación de referencia de 3%, esto representaría una reducción real cercana al 2.7%.

El PPEF 2027 todavía deberá pasar por el proceso legislativo y sus cifras pueden modificarse. Sin embargo, el proyecto ya plantea una discusión de fondo para el sector agrícola: más presupuesto para Sader no necesariamente significa más recursos para producir.

Para los agricultores, el punto central será conocer cuánto de ese incremento terminará convertido en apoyos a la comercialización, reducción de costos, fertilizantes, financiamiento, seguros, coberturas, sanidad y mecanismos que permitan mejorar la rentabilidad de las cosechas. La advertencia a los productores empieza a tomar forma en el presupuesto

La discusión presupuestal adquiere especial relevancia a la luz de lo expresado recientemente por la secretaria de Agricultura, Columba López Gutiérrez, durante sus encuentros con productores de maíz y trigo.

La funcionaria advirtió que los montos que se han destinado a los esquemas de apoyo y precios de garantía representan un costo elevado para el Gobierno federal y que, bajo ese esquema, podrían resultar insostenibles. También planteó ante los productores de maíz la necesidad de ordenar la superficie y señaló como referencia que no debería rebasarse un techo de 350 mil hectáreas en Sinaloa, aun cuando existiera disponibilidad de agua.

Ahora, al revisar el proyecto presupuestal para 2027, el mensaje adquiere una dimensión distinta.

El presupuesto global de Agricultura crecería, pero Acopio para el Bienestar —el programa que sustituyó la denominación de Precios de Garantía— tendría una reducción cercana al 20%, al pasar de 13 mil a 10 mil 445 millones de pesos. Al incorporar el efecto de la inflación, la disminución sería todavía mayor en términos reales.

Es decir, más dinero para la Secretaría no necesariamente significa más dinero para sostener los esquemas tradicionales de apoyo a la comercialización.

Y aquí aparece uno de los principales retos para el ciclo otoño-invierno 2026-2027: si el Gobierno federal avanza hacia una política de mayor ordenamiento de la producción y, al mismo tiempo, dispone de una bolsa menor para los mecanismos de acopio e incentivos, los productores tendrán que tomar decisiones de siembra con mayor atención a los mercados, los costos de producción y los mecanismos de administración de riesgos.

En el caso del maíz sinaloense, la señal es particularmente relevante. El propio Gobierno federal ya puso en marcha un Sistema de Ordenamiento de la Producción y Comercialización del Maíz Blanco, que busca dar mayor certidumbre a la comercialización y vincular la producción con las necesidades del mercado. (Gobierno de México)

Por ello, el eventual límite de superficie planteado por la secretaria no debe interpretarse únicamente como una restricción productiva, sino como parte de una estrategia que busca evitar que una mayor producción termine presionando los precios y obligando al Gobierno a incrementar cada año el costo de los apoyos.

El dato presupuestal, sin embargo, deja una pregunta abierta para el productor: si habrá menos recursos para sostener los esquemas de apoyo, ¿qué mecanismos sustituirán esa función?

Agricultura por contrato, coberturas, seguros, financiamiento, garantías y una mejor planeación de las superficies podrían cobrar mayor importancia en los próximos ciclos. De hecho, los esquemas de precios de garantía históricamente han incorporado instrumentos de administración de riesgos y mecanismos diferenciados para cultivos como maíz y trigo. (Sidof)

Para Sinaloa, donde el agua disponible puede abrir la puerta a una mayor superficie, el desafío será todavía mayor: producir más no necesariamente significará ganar más.

El PPEF 2027 todavía tendrá que ser discutido y aprobado por el Congreso, por lo que las cifras pueden modificarse. Pero el proyecto ya ofrece una primera señal: el Gobierno federal parece caminar hacia una política de mayor ordenamiento productivo y menor dependencia de apoyos extraordinarios para sostener la comercialización.

Y en ese escenario, la advertencia hecha a los productores durante las reuniones de la secretaria Columba López deja de ser solamente un mensaje político y comienza a encontrar correspondencia en los números del presupuesto.

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