¿DESMANTELAMIENTO DE GPO? LAS SEÑALES COMIENZAN A SER INQUIETANTES

Lo que durante años se presentó como uno de los proyectos industriales más ambiciosos para Sinaloa hoy parece caminar en sentido contrario. En los muelles de Topolobampo ha comenzado el retiro de maquinaria, equipo y proveeduría que permanecieron prácticamente inmovilizados durante el prolongado conflicto que mantiene frenado el proyecto de la planta de fertilizantes de Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), en la bahía de Ohuira.

¿Estamos ante el principio del desmantelamiento de GPO? Todavía no hay elementos suficientes para afirmarlo, pero tampoco se puede ignorar lo que estas maniobras representan. Cuando un proyecto de semejante magnitud comienza a retirar parte de su infraestructura logística, las señales que recibe el mercado no son precisamente de confianza.

Y es que una cosa es enfrentar obstáculos administrativos, ambientales o judiciales, y otra muy distinta es comenzar a observar cómo se alejan los equipos y recursos que deberían estar encaminados a poner en marcha una inversión de esta dimensión.

El proyecto ha perdido aliados en el camino, mientras sus opositores mantienen firme su postura. Una resistencia que merece explicaciones, particularmente por la prolongación del conflicto y por las interrogantes que siguen sin respuesta sobre los intereses económicos, políticos y ambientales que se cruzan alrededor de esta inversión.

¿Quién sigue teniendo interés en que GPO no avance? ¿Quién financia la resistencia después de tantos años? ¿O acaso la empresa está llegando a un punto en el que mantener congelada la inversión dejó de ser financieramente viable?

Son preguntas que no deben confundirse con acusaciones, pero que tampoco pueden seguir fuera de la discusión pública.

Lo cierto es que Topolobampo y el norte de Sinaloa no pueden darse el lujo de perder oportunidades industriales de esta naturaleza sin que exista una explicación clara. La producción nacional de fertilizantes, la generación de empleos, la actividad portuaria y la competitividad agrícola forman parte de una misma ecuación.

En una región eminentemente agrícola, donde los productores conocen de primera mano el costo de los fertilizantes y la dependencia de las importaciones, el destino de GPO no es un asunto menor.

Quizá todavía no estemos viendo el último capítulo de esta historia, pero las señales que aparecen en los muelles obligan a preguntarse si aquella promesa industrial está más cerca de convertirse en una inversión inconclusa que en una realidad para Sinaloa.

Porque una cosa es detener un proyecto y otra muy distinta es terminar por acostumbrarse a que nunca se concrete.

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